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¿Qué es, e implica el perdonar?

 

               Etimológicamente, perdonar deriva del verbo latino perdonare, es decir: per + donare, y que significa: “Remitir (alzar o suspender) la deuda, la falta, delito, ofensa, etc., que toque, al qu remite”. Es decir, no tener en cuenta más la ofensa bajo ninguna circunstancia. Renunciar a conservar la ofensa en el corazón. Renunciar a toda venganza personal. Entregar a otro (a Dios) lo imputable a causa del daño recibido.

 

           El perdonar es gran expresión del verdadero amor, ya que es contrario al impulso justiciero de la carne, de la emotividad herida y alterada, y por supuesto al rencor. Por eso, el perdonar es una renuncia al yo (ego) herido.

  

           El perdonar es parte del morir a uno mismo ampliamente expresado en el Nuevo Testamento. El ejemplo lo tenemos en el mismo Jesús que se entregó a sí mismo por amor de cada uno de sus ofensores.  Además, él lo hizo literalmente: murió por nosotros.

 

           A Moisés le tocó perdonar a gente muy cercana a él, a sus propios hermanos. Muchas veces los que más nos hieren, son los más cercanos. Veamos la historia, Números 12:1-13Números 12:1-13
Spanish: Biblia Reina Valera - revisión de 1995 - RVR95

Izbrana zbirka RVR95 ne vsebuje vpisane knjigeMesto:

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.  Tanto Aarón como María, rechazaban a la mujer de Moisés porque era de otra raza; probablemente de Cus, la menospreciaron. Al rogar a Dios por ellos, Moisés implícitamente estaba mostrando su perdonar.   Por lo tanto, podemos ver que realmente sabemos que hemos perdonado, cuando no deseamos a nuestro ofensor ningún mal, y por el contrario, le deseamos toda bendición de lo Alto. Como cristiano, ¿Qué es más importante para usted, la persona que le ofende o su ofensa? Esa es una pregunta que debemos hacernos muy a menudo.

 

           Cuando le preguntaron a Jesús cuáles eran los mandamientos más importantes, Él respondió diciendo:  “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22: 37-40Mateo 22: 37-40
Spanish: Biblia Reina Valera - revisión de 1995 - RVR95

37 Jesús le dijo: --“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”.m 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.n 40 De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.ñ,o

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).

 

           Clarísimamente vemos que nuestra fe está basada en el amor a Dios, y consiguientemente, en el amor hacia los que nos rodean. Vemos que la misma Palabra de Dios escrita depende de esos dos mandamientos, como dijo Jesús. Vimos que gran expresión de amor hacia los demás, es el perdonar sus ofensas; por lo tanto, así es como también expresamos, perdonando cuando necesario, nuestro amor al prójimo.

 

“Borrando el rencor con el perdonar”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las sanguijuelas.

 

           Se cuenta una historia acerca de un viajero que recorrí­a las selvas de Burma con una guí­a. Llegaron a un rí­o ancho y poco profundo, y lo vadearon hasta el otro lado. Cuando el viajero salió del rí­o, muchas sanguijuelas se habí­an prendido del torso y las piernas. Su primer instinto fue agarrarlas y quitárselas, pero el guí­a lo detuvo, advirtiéndole que si se arrancaba las sanguijuelas, estas dejarí­an pedazos finí­simos bajo la piel que luego le producirí­an infecciones.  La mejor manera de quitarse las sanguijuelas del cuerpo, aconsejó el guí­a, era bañarse en un bálsamo tibio por algunos minutos. El bálsamo penetrarí­a en las sanguijuelas y estas se soltarí­an del cuerpo del hombre.

 

           Cuando otra persona nos ha herido en gran manera, no podemos arrancarnos la ofensa  y esperar que se vaya toda amargura, rencor y sentimiento. El resentimiento aun se esconde bajo la superficie. La única manera de llegar a ser verdaderamente libre de la ofensa, y perdonar a otros, es empaparse uno en el baño tranquilizador del perdón que Dios ofrece. Cuando uno por fin comprende la amplitud del amor de Dios en Jesucristo, el perdón a otros fluye de modo natural.

 

¿Por qué pues, para muchos de nosotros es más importante la ofensa, que la persona que lleva a cabo esa ofensa?, porque así lo estamos demostrando de hecho, al no perdonar.

 

           El perdonar significa que así como Cristo perdonó a esa persona en la Cruz, costándole el precio de Su propia vida, así mismo, el agravio que ha cometido contra ti, no es mayor que esa Cruz por la cual Dios en Cristo, le perdonó a ella y a ti.  El no perdonar, significa que para el que no perdona, la Cruz es inferior al agravio que le han hecho.   Por lo tanto el listón por el cual nos tenemos que regir a la hora de perdonar es la Cruz; y si la Cruz lo ha perdonado todo, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar, por mucha que haya sido la ofensa?

 

Tenemos algo que perdonar a nuestros hermanos, aunque sea algo muy grave? Dios nos dice: “Perdonad!”

 

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