“Nuestra tarea misionera”

 

Hechos 13.1- 4

 

Pablo y Bernabé fijaron el patrón para el trabajo misionero de la iglesia cuando obedecieron el llamado de Dios de lanzarse a la tarea. El cuerpo local de creyentes —los que se quedaron para predicar de Cristo a sus vecinos y amigos— equiparon a estos hombres para el viaje. Lo hicieron por las mismas razones que se aplican hoy día:

 

 

  1. La condición espiritual de la humanidad. Romanos 1.21-32 describe a este mundo pecador. El pecado desenfrenado conduce a las personas a una pendiente resbaladiza que los lleva a tener una conciencia depravada y, al final, una mente incapaz de discernir lo correcto.

 

 

  1. La provisión espiritual de Dios. El Padre celestial respondió a la condición de la humanidad con su gracia al enviar a su único, Hijo, Jesucristo para salvarnos. Cristo llevó en la cruz el pecado de todos nosotros: los vivos, los que ya murieron, y los que nacerán. La oferta de salvación es para todos; la gracia de Dios es ciega a raza, religión y color (Ro 10.12). Quienes creen en Cristo tienen perdonados sus pecados, y pasarán la eternidad con Él.

 

 

  1. La comisión de Jesucristo. Hechos 1.8 dice que recibimos el Espíritu Santo para que podamos dar un testimonio eficaz a quienes necesitan salvación. Notemos que no debemos ir sólo al lugar donde vivimos y trabajamos, sino a todo el mundo, donde hay personas esperando escuchar las Buenas Nuevas. El mensaje debe ser llevado lejos y de prisa. El propósito de la iglesia es adorar y testificar. Algunos irán, y otros enviarán, pero todos estamos llamados a la tarea de difundir el evangelio. No se trata de una sugerencia; es una orden (Mt 28.19). Los creyentes debemos involucrarnos en la labor misionera.