“El poder del Espíritu Santo”

 

Leamos Lucas 24.44-53

 

El principio que veremos hoy es elemental, pero tan poderoso que determinará si tendremos una vida de victoria. Es posible que usted esté familiarizado con el libro La pequeña locomotora que sí pudo, en el que un pequeño motor no deja de repetir las palabras: “Creo que puedo”. Con su sola fuerza de voluntad, arrastra a todo un tren sobre una montaña. Es una preciosa historia infantil, pero la verdad de la vida cristiana es muy diferente.

 

En el mundo real, nuestros esfuerzos y nuestra determinación a menudo no alcanzan la meta. Una vida agradable a Dios solo se logra andando en y por medio del poder del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento, el Espíritu de Dios venía solo temporalmente a los creyentes para hacer un trabajo específico. Pero después que Cristo ascendió al cielo envió al Espíritu Santo para morar de manera permanente en nosotros. Piense en lo que esto significa: si usted ha creído en Cristo, Él vive en usted, y está listo para darle dirección, consuelo y poder. Obedecer a Cristo es muy difícil para cualquiera que confíe en sus propias fuerzas. Y discernir qué hacer en cada situación es demasiado complicado para una mente carnal. Pero, por alguna razón, los seres humanos tratamos de vivir dependiendo de nuestras fuerzas y razonamiento.

 

La derrota y el fracaso son inevitables sin el poder de Dios en nuestras vidas. ¿Reconoce usted su necesidad del Señor? Comience cada día confesando su dependencia de Él. Pida ser llenado con su Espíritu para que todo lo que piense, haga y diga rebose de Él. Luego, tenga la confianza de que el Señor actuará de manera ponderosa por medio de usted. Y observe lo que el Dios todopoderoso puede hacer.